Melissa Barrera cruza la línea del espionaje en The Copenhagen Test

La actriz mexicana se mueve al espionaje y ocupa un espacio que antes parecía inaccesible en la televisión estadounidense

Melissa Barrera (izq.) en una escena de la serie The Copenhagen Test junto a su coprotagonista Simu Liu.

Por Chava Chávez - Crítico a Domicilio


En septiembre de 2025 inicié esta columna con una semblanza de la actriz mexicana Melissa Barrera (Monterrey, 1990), entonces presentada como una figura emergente en Hollywood. Hoy, a pocos meses de distancia, esa lectura merece ser reformulada: más que una promesa, Barrera se perfila ya como una actriz en proceso de consolidación. A sus 35 años, ha construido una trayectoria poco común para una intérprete mexicana en la industria estadounidense, marcada por la versatilidad genérica, el dominio de distintos registros y un desplazamiento progresivo hacia espacios narrativos tradicionalmente reservados a figuras anglosajonas. The Copenhagen Test no aparece, así, como un proyecto aislado, sino como un punto de inflexión dentro de una carrera que ha sabido expandirse sin perder coherencia.

 

Melissa Barrera como Michelle, una espía que trabaja para una agencia de inteligencia secreta en The Copenhagen Test.

A lo largo de casi una década de trabajo en Estados Unidos, Melissa Barrera ha mostrado su capacidad dramática en series como Vida, donde encarnó a una joven latina enfrentada a los procesos de gentrificación en Boyle Heights; su potencia vocal y corporal en el musical In the Heights, donde destacó como una figura central del espectáculo; y su solvencia en el cine de género como protagonista de Scream 5 y Scream 6, confirmándose como una auténtica scream queen. Drama social, musical y horror: tres territorios distintos que Barrera ha sabido habitar con naturalidad, alejándose de los papeles estereotípicos históricamente asignados a las actrices latinas y construyendo, paso a paso, una presencia cada vez más central dentro de la industria.

 

Conviene detenerse un momento en Vida (2018-2020), el primer proyecto en que participó la actriz en Estados Unidos, porque ahí se define un punto clave de su trayectoria. La serie creada por Tanya Saracho fue, en su momento, una de las propuestas más audaces de la televisión reciente en cuanto a representación latina: un relato situado en Boyle Heights que abordaba, sin concesiones, temas como la gentrificación, la identidad sexual, la precariedad económica y las fracturas internas de la comunidad. El personaje de Lyn Hernández encarnaba una tensión central del relato: el deseo de escapar del barrio y, al mismo tiempo, la imposibilidad de encontrar un lugar de pertenencia fuera de él. Lyn busca validación emocional y económica en espacios ajenos a su comunidad, pero termina descubriendo que esos espacios no la reconocen plenamente. Ese recorrido —del rechazo externo al reencuentro con lo comunitario— no solo dotó al personaje de un arco dramático complejo, sino que colocó a Barrera en una tradición de actuación comprometida con conflictos sociales concretos. No es casual que Vida, pese a su relevancia cultural y su reconocimiento crítico, haya tenido una existencia relativamente breve; su mirada incómoda sobre el urbanismo, el capital inmobiliario y las jerarquías raciales la volvió una serie difícil de asimilar para los circuitos más convencionales.


Melissa Barrera y Mishel Prada en Vida (Tanya Saracho, Starz, 2018-2020).

Con The Copenhagen Test, estrenada el 27 de diciembre de 2025, Barrera da un paso más en esa expansión genérica. La serie (un original de Peacock creado por Thomas Brandon) incursiona en el thriller de espionaje con un giro contemporáneo: la incorporación de elementos de ciencia ficción. El resultado es una historia de ocho episodios que reflexiona sobre la vigilancia estatal, el control de los cuerpos y la fragilidad de la autonomía individual en la era de la hiperobservación tecnológica.


Debo confesar que soy un entusiasta del género de espías. Desde James Bond hasta Misión imposible, el reto ha sido siempre el mismo: cómo renovar un imaginario ampliamente explotado sin perder tensión ni sorpresa. The Copenhagen Test parece encontrar una respuesta al combinar el espionaje clásico con un inquietante experimento tecnológico. Alexander Hale (interpretado por el actor chino-canadiense Simu Liu) es un agente cuyo cerebro ha sido hackeado, convirtiéndolo en un sujeto permanentemente vigilado por una agencia de inteligencia estadounidense que opera en las sombras: el Orfanato. Hale es usado como carnada para atrapar al enemigo invisible que realizó el ataque y evitar que se repita con otros agentes.


En este sentido, la serie puede leerse como algo más que una variación ingeniosa del relato de espías. Se inscribe en una tradición contemporánea de ficciones obsesionadas con la vigilancia, el control de la información y la pérdida de autonomía del sujeto en contextos de alta tecnologización. El cuerpo de Hale, intervenido y monitoreado desde el interior, funciona como una metáfora extrema del ciudadano contemporáneo: un individuo cuya vida privada, decisiones y emociones se encuentran permanentemente expuestas a dispositivos de control que operan bajo la lógica de la seguridad nacional. La ciencia ficción no aparece aquí como simple adorno genérico, sino como una herramienta crítica que permite pensar el espionaje en clave contemporánea, más cercana a la lógica del algoritmo y la biopolítica que caracteriza nuestra época.


Simu Liu como Alexander Hale.

Es en este contexto donde aparece Melissa Barrera como Michelle, una espía del Orfanato encargada de seducir y vigilar a Hale. Barrera había declarado en entrevistas que la serie televisiva Alias (2001–2006), protagonizada por Jennifer Garner, despertó en ella el deseo de interpretar a una espía. Ese deseo se materializa ahora en un personaje que combina misterio, inteligencia y destreza física. Si Simu Liu luce la experiencia adquirida en el cine de acción gracias a su paso por el universo Marvel (Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos, 2021), Barrera no se queda atrás: su formación como bailarina y su condición atlética le permiten destacar en las secuencias de acción y en las coreografías de combate con notable eficacia.


La química entre ambos protagonistas es evidente. Resulta significativo, además, que esta pareja esté conformada por un actor chino-canadiense y una actriz mexicana, una combinación poco frecuente en los relatos de acción de la televisión estadounidense. Mientras que la serie sí explota la herencia cultural de Alexander Hale, el personaje de Michelle permanece envuelto en una ambigüedad identitaria: nunca conocemos su apellido ni su origen étnico. Pero quizá ahí radique uno de los gestos más interesantes de la serie: Michelle no es presentada como una “espía latina”, sino como una espía a secas. Ese desplazamiento no es menor. Durante décadas, la presencia latina en el cine y la televisión estadounidenses estuvo condicionada por una lógica de marcación constante: el acento, el conflicto migratorio o la marginalidad. Aquí, en cambio, la latinidad no desaparece, sino que se desplaza del énfasis identitario a la centralidad narrativa. En ese sentido, su sola presencia ya es representación, sin necesidad de adjetivos. 


Melissa Barrera, una actriz mexicana y Simu Liu, un actor chino-canadiense, una combinación poco frecuente en el género de espías.

The Copenhagen Test confirma así que la carrera de Melissa Barrera no avanza por acumulación de papeles, sino por desplazamientos estratégicos. Del drama social al musical, del horror al thriller de espionaje, su recorrido revela una voluntad clara de ocupar géneros centrales de la industria sin quedar confinada a una identidad fija ni a los límites tradicionales de la representación latina.


Al momento de escribir estas líneas, Barrera se encuentra en Barcelona rodando Black Tides, otro thriller producido por Nostromo Pictures, una productora española que realiza contenidos de alta calidad. No se trata ya de observar si logrará quedarse en "La La Land", sino de seguir cómo, y desde qué lugares, continuará haciéndose presente en la industria de Hollywood y en otros territorios donde se exija riesgo y versatilidad. Me gustaría que regresara en algún momento a trabajar en México. 

Share Post

Leer artículos destacados